El Sonido

Resonar

Texto por Isadora Ponce

“Y el sujeto ¿cómo liberarnos de los puntos de subjetivación que nos fijan, que nos clavan a la realidad dominante? Arrancar la conciencia del sujeto para convertirla en medio de exploración, arrancar el inconsciente de la significancia y la interpretación para convertirlo en una verdadera producción, no es seguramente ni más ni menos difícil que arrancar el cuerpo del organismo”.Deleuze & Guattari

“If listening is a relation to a relation, it withdraws its ear from the possibility of relationship even as it stretches out towards itself. To listen is to be at once inside and outside relationality. Resonance is the sound of an outside, and sound the outside that we always-already are”.

Naomi Walthm-Smith

Dejarte atravesar por el espacio mismo, por la respuesta del sonido a este. Abrirse.  Escuchar el silencio, “el espacio donde el sonido es y deja de ser,  puede o no puede ser”. El silencio que en ella es “para estar, no hacer, sentarse al frente y esperar y decir: “ah, este es el sonido”, el lugar que te permite asentar, resolver y entender las cosas, “al que entras a, no se, de verdad, escuchar”.

FurAna

Entro a un espacio sin contorno, al presente sonoro que es espacio-tiempo, que se difunde en el espacio y abre uno que es el suyo propio. Escucho como esas tres notas LA – SOL – LA inician el espaciamiento mismo de su resonancia, su dilatación y su revelación al final de la serie que asciende o desciende en sus armónicos. Tres acordes que como secuencia van aumentando una nota o alterando otra, la repetición como el medio de contracción y distensión que nos localiza en su experiencia del presente vivo. Han pasado dos minutos y son esos pequeños cortes por la introducción de una nota o el delay que posibilitan volver a experimentarla y arrojarme a un tiempo espiral, de retorno, como un canto mántrico en el que floto y no existe idea fija.  La repetición como lo que “se disfraza a medida que se constituye, lo que no se constituye más que disfrazándose. No se halla debajo de una máscara, pero se forma de una máscara a la otra, de un punto notable a otro, de un instante privilegiado a otro, con y dentro de las variables […] Máscaras que no recubren más que otras máscaras” (Deleuze, 2002, 44).  Repetición que durante siete minutos se vuelve la diferencia misma y nos abre a la idea del pensamiento más allá de la representación. Una acción aparente que nos lleva a una repetición más profunda.

Crear es pulsión de vida, el sonido es deseo, deseo como flujo de energía: la materia intensa y no formada que hace pasar intensidades, las produce y las distribuye en un  espacio que lo ocupará en el grado que corresponde a las intensidades producidas por el mismo (Deleuze & Guattari, 2015, 158). El deseo como intensidad y principio de producción que guarda infinitas posibilidades de montaje e inscripción, sin referencia a ninguna instancia externa, y que en ella, se manifiestan en el uso y la integración de lenguajes que son parte de su transitar y experimentación: las matemáticas, los códigos, el teatro, la danza, la imágen, la tecnología que convergen ciencia y arte y designa una realidad intensiva, pero en la que los componentes se diferencian únicamente por texturas, migraciones, zonas de contorno. Deseo que en ella se torna sonido, que parece emerger de una onda en medio de un vacío y tiene la capacidad de conjugar y dialogar con los elementos de un espacio sumergiéndote al tuyo propio. El deseo que es vida y muerte, que nos hace desear, inclusive su propio aniquilamiento o lo que tiene el poder de aniquilarlo (Deleuze & Guattari, 2015, 169).

“Es como que solo el cuerpo no acolita, y solo estoy super bajón, todo me da ganas de llorar, es como que el carro suena, voy a llorar, la ventana se abre, voy a llorar. No puedo así. No me hablen, no me quiero mover. Y pasan los días, pasan los días y es como estar encerrada”, nos cuenta luego de preguntarle qué siente cuando hace sus obras públicas. “Esa cosa del posparto es cada vez, cada vez, así cada vez […] Es horrible escucharme, verme, lo que sea. Entonces, prefiero no volver a escuchar las cosas. Me cuesta full, sobre todo en el lado de la interpretación, en la composición igual. Pero si, o sea, es como no me gusta verme, me siento incómoda. Me incomoda…”. Yo veo en ella la creación como es ese motor de vida, ese que encierra todo: la voluntad creadora que contiene “la memoria del cuerpo” y emerge frente a las propias sombras pero que a su vez nos deja su propio eco, que encuentra en la creación el deseo como cura, ciclo y posibilidad de existencia y reexistencia.

La escucho y su resonancia me arroja a la auralidad no solo como un modo de pensar y acceder no solo al mundo y a la reconfiguración de este, sino como teoría de la existencia basada en la escucha como una relación de remisión y resonancia. Para el filósofo Jean-Luc Nancy escuchar es:

“entrar en la espacialidad que, al mismo tiempo, me penetra: pues ella se abre en mí en tanto que en torno a mi, y desde mí tanto como hacia mí: me abre en mí tanto como afuera, y en virtud de esa doble, cuádruple o séxtuple apertura, un “sí mismo” puede tener lugar. Estar a la escucha es estar, al mismo tiempo, afuera y adentro, estar abierto desde afuera y desde dentro, y por consiguiente de uno a otro y de uno a otro […] En esa presencia abierta y sobre todo abriente, en la separación y la expansión acústicas la escucha se produce al mismo tiempo que el acontecimiento sonoro” (2002, 33-34).

El sonido está constituido por esas remisiones que se propagan tanto en el espacio donde resuena, a la vez que resuena en mí (2002, 21). Esta relación de coexistencia, de interior y exterior, nos lleva a pensar una relación de intimidad con el mundo y una conmigo misma que ponen al ser como resonancia que rompe el dualismo entre mente y cuerpo, ya que al escuchar el sonido, sensación y sentido acontecen juntos.

“Soy bastante como más hacia la escucha que hacía a hablar […] creo que los espacios tienen mucho que decir también si te das el chance de escuchar. Es bacan sacarse un ratito los audífonos y cachar que el sonido de la ciudad de la mañana no es el mismo sonido de la ciudad en la noche, en la tarde o en la madrugada […] hubo una época en la que me obsesione full con eso, con el sonido de alrededor y me compre una Zoom, e iba con los audífonos así como que a todo lado. Tenía una sección solo pisadas, así, pisadas, pisadas, pisadas…entonces, persona que pasaba yo era como que a ver la pisada, y así. Creo que ahorita ya no me doy cuenta pero, como que si marca bastante en como, no se, pienso las cosas, como integro grabaciones de los mismos espacios a los que voy a grabar, cómo busco qué grabar, trato de también utilizar, manipular”; y fue bacán porque recién sacamos un EP con este proyecto que tengo con .06, que se llama permutar, mover el orden de las cosas, todo de grabación de campo ¿cachas? Entonces, todas eran grabaciones de espacios, ambientes, objetos que hicimos y como que armamos todo a partir de esto”.

[P E R M U T A R]

Permutar parece querer condensar la totalidad del sonido para ser escuchado y sintetizado. Un micro universo de sistemas e interacciones que la imagino sacar de sus cuadernos llenos de matrices con cuadros y secuencias que nos cuenta tiene como ejercicios de composición cuando se levanta un día y dice: “quiero hacer algo así como un poco más de matriz”, esa pulsión inconsciente de integrar un pensamiento más algorítmico que quizás viene de su bachillerato en ciencias del colegio, de su estudio de años de medicina y economía en la universidad, o las clases de código que estudió y estudia. Escuchar sus obras sonoras, que se sienten como instalaciones, crean nuevos sonidos al romper componentes, imitándolos, manipulándolos, desde una lógica particular.

Aquí, los sintetizadores se sienten más que solo un instrumento para volverse un medio de ordenar y hacer sentido del mundo, o más bien dicho, crear mundo, uno construido de objetos, elementos o cosas de él que evocan su curiosidad: conversaciones, máquinas, perros, música grabada, sonidos de teclas, pájaros, circuitos, “ruidos”, haciéndonos recordar la síntesis como proceso recíproco de análisis que implica la separación o aislamiento de elementos constitutivos en una identidad completa o sistema (Rodegers, 2015, 208). La incorporación de elementos impredecibles y caóticos hace que no se sienta como una novela de sonidos electrónicos, sino un momento cargado por la interrupción del tiempo, un espacio fugaz que abre una temporalidad donde la frontera de lo virtual y real, lo artificial y “natural”, lo humano y la máquina se desprenden volviéndose onda. Imagen de onda que da cuenta de la materia viva en movimiento en el espacio y sus vibraciones en el tiempo, nuevamente me veo en la imposibilidad de atrapar y definir aquello que se presenta constantemente en su obra: el flujo de energía como potencia, que es parte del sonido como de la creación.

SNDTS

Escucho el sonido en su textura difractiva, todos esos pliegues a los que no puedo entrar y solo me quedan ciertos ecos de lo que mi oído, construido histórica y culturalmente, puede escuchar. Y a la vez siento a la máquina como potencia de creación, como ella dice: “a la final es como al infinito, es como en la composición, supongo, se trata todo de tomar decisiones, me cachas, así como decido que esto va a sonar aquí, esta nota aquí y esta otra acá, en las maquinitas es lo mismo, ¿cachas? Entonces, cuando retrocedes y desde, ¡ah, entonces también puedo hacer esto, es como dices realmente esto es al infinito, al infinito de verdad!. Y es cheverazo sentir que tienes todas esas posibilidades para buscar y encontrar algo que a tí te guste y decir: ¡ah bacán!, voy a quedarme con esto, esto me interesa ahorita.”  Y regreso a esa sensación inicial que desprendió su música cuando la escuché por primera vez acostada en una hamaca en el parque de la Flacso y los autos y las voces eran marea que se mezclaba con el pedal de un sinte, la serie minimalista de un piano y la voz de la Mariela que desvanecía la palabra, y yo no sabía si era el viento o el sonido que cambiaban la temperatura de mi cuerpo, que encogía mis pies y las hojas, que me llevaba al espacio como ese marco donde nos situamos como entidades y como efecto de la relación entre estas.

El encuentro con la Tania: escuchar su obra en vivo, sentir el cuerpo respondiendo físicamente al sonido, volver a su música una y otra vez, conversar con ella y que la voz se refracte en afecto, sentir el nudo en la barriga y la sonrisa latente, los ojos que la miran y no pueden ocultar la fascinación por todo lo que habla su cuerpo, descubrir una artista que te hace sentir que soy y somos pasajes de intensidad que solo existen en coexistencia y que solo tenemos acceso desde ese eco que se sientes en el cuerpo. Mírame y escucharme en ella, ser un entre hecho en relación con una misma o de una presencia con una misma, la resonancia de un regreso, que en ella siempre me llevan a otras, esta vez, a mi manos buscando libros, abriendo A la escucha de Jean-Luc Nancy, oír la voz de mi profe Miguel Chavarría y que el amor por la filosofía política se meta y se desparrame por el cuerpo y con esa sensación empezar a leer la primera, la segunda, la tercera hoja, pagarlo e irme leyendo. Parar en Plaza Francia y buscar el silencio, dejar que el afuera y el adentro me golpeen. Encontrar en esas hojas por primera vez esa phono-ontología[1] que busco, que las palabras: resonancia, diálogo y afecto[2] atraviesen las disposiciones que construyo. Que el deseo se despierte y te den ganas de crear y ser su amiga, por que eso es lo que despierta esta mujer.

[1] “Por ontología o «filosofía primera», se entendía (…) la teoría acerca del ser en general, acerca del ser como tal, independiente de sus especies particulares. En este sentido, ontología es equivalente a metafísica, sistema de determinaciones especulativas universales del ser (…)” (Iundin s/f, 346)

[2] Entiendo afecto como pasajes de intensidad o fuerzas que «pasan de un cuerpo a otro (humano, no humano, parte del cuerpo, etc.), en esas resonancias que circulan entre los cuerpos y,  a veces, se adhieren a ellos» (Gregg y Seigwoth 2010, 1) que a su vez producen una reacción no consciente en o sobre el cuerpo, llevándonos hacia el movimiento, el pensamiento y la extensión (Gregg y Seigwoth 2010, 1). Para Brian Massumi, esta experiencia de intensidad (afecto) implica un acto no consciente, un movimiento no formado con potencial no estructurado que no puede ser aprehendido completamente en el lenguaje debido a su carácter abstracto y su ubicación como anterior y/o fuera de la conciencia ( 2014, 86 ).

BIBLIOGRAFÍA

 

Iundin, Diccionario Filosófico, http://www.une.edu.pe/formacion-docente/wp-content/uploads/2020/09/Diccionario-Filosofico.pdf

Gregg, Melissa, and Gregory J Seigwoth. “An Inventory of Shimmes.” The Affect Theory Reader. Ed. Gregory J. Seigwoth Melissa Gregg. Durham and London: Duke University Press, 2010. 1–25. Print.

Massumi, Brian. Thought in the Act: Passages in the Ecology of Experience. University of Minnesota Press, 2014.

Nancy, Jean-Luc. “A la escucha». Amorrortu editores, Buenos Aires, 2002.

Rodegers, Tara. “Synthesis.” Keywords in Sound, edited by David Novak and Matt Sakakeeny, Duke University Press, 2015, pp. 208-221.

Walthm-Smith, Naomi. “The sound of the Outside. ” Boundary 2 an international journal of literature and culture, vol. 43, no. 1, Duke University Press, 2016, pp. 75–106.

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